De la
música,
un estribillo.
Siento.
Creo.
Puedo
más, sé,
sólo
hay que acordarse,
con la
voz gruesa,
sentenciando,
sentada
en una esquina,
está la
voz, sentenciando,
que
juzga,
que
huele,
lo
podrido de esta carcajada,
que ve,
todo el
crimen resumido en una mañana,
que
degusta,
lo
tóxico de esta cama,
y se
relame,
y goza,
con
nuestras escenas de piel seca
pegados
los dos girando,
en el
medio de las sábanas
con
pelo de gato y restos de noche.
Y
muerde,
los
gemidos ya afónicos,
y se
une a nosotros.

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