lunes, 23 de septiembre de 2013

...

Si quiero planto un libro,
escribo un hijo,
tengo un árbol.
Y porque si quiero no me ato,
libero a un gato.
Salto desde una planta baja,
me desato,
me visto en desnudez,
como del aire,
y vivo tranquila,
sin la norma de la palabra del presidente de la democracia,
de las reglas del sistema de la cárcel de la Iglesia,
de la Constitución Nacional de la República Argentina,
nado en la tierra.
Duermo en la clase,
viajo al 1er piso de mi edificio,
leo el matutino de noche,
escucho música con auriculares en las reuniones familiares,
no tengo hijos.
Me caso conmigo,
cruzo a pie el pacífico,
y río si me pasa algo trágico.
Me agarra claustrofobia en la pradera,
pinto un arcoíris con 7 tonos distintos de grises.
Que me parta en dos y me cruce el pecho la imaginación.
Que me atraviese la búsqueda de lo diferente,
la sed de los experimentos,
sin miedos.
Pido ser,
transversal
atravesar.
Porque a mi quién me va a decir cómo tiene que ser la vida,
porque no quiero vivir de la mentira,
para que la matemática se vuelva inexacta,
y que del cielo nazcan las plantas.





El amor...

En un lugar
Muy chiquito
En una pieza
De algún lugar chiquititito
De una ciudad inmensa
Un sexo desordenado agitado
un engaño
otro engaño
una sombra dos sombras
que no quieren ser vistas
y al fin
la realidad
del orgasmo apurado
entrecortado
que se aguanta que se calla
un dolor que aprisiona inquieta
que seduce exaspera
las ganas de llorar
las ganas de gritar
la misma respiración violenta
los besos casi a golpes
la dureza de las sábanas
el sudor fatigado
un orgasmo avergonzado
un sexo anónimo del placer fértil
del placer disimulado
de ese encuentro escondido
en un lugar chiquititísimo
las horas y el encierro y el sexo cobarde secreto.

El amor